EL CASTILLO DE ENESA


Desde el castillo de El Puig de Enesa controlaba el paso norte a la ciudad de Valencia

Desde el siglo VIII hasta el siglo XIII la actual Comunidad Valenciana era regida por los musulmanes. En el siglo XI estuvo constituida por varios reinos de taifas que formaban parte del Sharq al-Andalus (Oriente de la Península). Era un territorio habitado por una sociedad islámica en todos los aspectos: político, religioso, lingüístico y cultural, que había dejado atrás el dominio visigodo-cristiano.

Los antepasados de Jaume I ya desearon la conquista del reino de la taifa de Valencia. Así, desde el conde de Barcelona Berenguer Ramón II en 1088, pasando por el abuelo de Jaume I, Alfonso II el Casto, hasta el padre del Conquistador, Pedro II el Católico, todos ellos soñaron con una conquista que sólo Jaime I hizo realidad.

Tras la conquista de Mallorca en 1229, Jaume I planificó la conquista de Valencia en la reunión mantenida en el castillo de Alcañiz con Blasco de Alagó y el maestre del Hospital Hug de Fullalquer. Eligiendo el castillo de Cebolla, hoy El Puig de Santa María, como el punto estratégicamente perfecto desde el que conseguir la conquista de Valencia y su Reino. Esta fortaleza será el catalizador, la bisagra, que abrirá las puertas a un nuevo rumbo en la Historia de los valencianos.

En febrero de 1237 el papa Gregorio IX promulgaba una bula por la que la conquista valenciana se convertía en una Cruzada, una guerra santa, que ahora se equiparaba /***/ a las cruzadas mediante las cuales la Europa cristiana trataba de recuperar los Santos Lugares en los que transcurrió la vida de Jesucristo. La religión era el elemento cultural que, lamentablemente, dividió y enemistó a cristianos y musulmanes, pero que, a la vez, constituyó uno de los motores de la Historia.

Desde el castillo de El Puig de Enesa se controlaba el paso norte a la ciudad de Valencia, se podían traer vituallas por mar y se dominaban todas las poblaciones musulmanas o alquerías situadas entre El Puig y Valencia. Por todo este potencial estratégico el rey musulmán Zayyan decide destruirlo con el fin de desbaratar los planes de Jaume I, quien se enteró de este hecho por unos hombres, posiblemente cristianos, que venían de Valencia.

La hueste del Conquistador se reunió en Teruel el 19 de abril de 1237 y a finales de este mes la tropa cristiana fue llegando al Puig de Enesa. Así, para preparar la conquista y reconstruir el castillo, Jaume I venía preparado con veinte pares de tapiales que facilitaron la rápida reconstrucción de la fortaleza de El Puig en apenas dos meses.

En el mes de julio llegó Bernat Guillen d'Entença, tío de Jaume I y alcaide del castillo para comandar toda la tropa cristiana en ausencia del rey. En este período de tiempo, la tradición oral afirma que San Pedro Nolasco, cofundador de la orden de la Merced junto a Jaume I, descubrió un retablo de la Virgen de El Puig escondido bajo una campana en el mismo lugar en donde hoy se halla el altar de la iglesia medieval de El Puig. Históricamente afirma la Crónica latina de Jaume I que la Virgen de El Puig infundió un gran valor a la hueste del rey en la tarea de conquistar Valencia. Por ello, fue nombrada y venerada como Patrona de la Ciudad y Reino de Valencia después de la conquista de Jaume I.

Tras la marcha del rey a principios de agosto, el rey Zayyan reunió un gran ejército compuesto por unos seiscientos caballeros y unos once mil hombres de infantería dispuesto a enfrentarse a un reducido ejército cristiano de unos 100 caballeros y unos 2000 soldados de infantería. Un preso que escapó de Valencia avisó, la noche anterior a la batalla, a Bernat Guillem d'Entença de los planes del rey musulmán. De modo que el alcaide y sus caballeros pudieron diseñar una estrategia para afrontar tan crucial batalla.

Esta batalla del Puig o de Enesa, que se produjo sobre el 20 de agosto de 1237, fue ganada por el ejército jaimino que comandaba Guillem d'Entença, a pesar de que era mucho menor en número. Una mentalidad como la del hombre medieval necesitó, para poder explicar tan asombroso hecho bélico, de la intervención de San Jorge, patrón de los cruzados que acompañaban a Jaume I.

A principios de enero de 1238, Jaume I se entera de la muerte de Bernat Guillen d'Entença, tío del rey, alcaide del castillo y vencedor de la batalla de El Puig que hizo patente la debilidad del ejército del rey Zayyan y que, por tanto, abriría las puertas a la conquista final de Valencia. Mas Jaume I no estaba dispuesto a abandonar el castillo de el Puig porque, entonces, según sus propias palabras, la conquista de Valencia y su Reino no sería posible.

Tras enterrar a Bernat Guillem d'Entença, el dominico fray Pere de Lleida confiesa a Jaume I que la mayoría de los caballeros quieren abandonar el castillo de El Puig. Ante tal traidora noticia, el rey aragonés decide convocar a todos los caballeros en la iglesia de el Puig de Santa María, donde se ubica el altar actual, y jura ante la Virgen de el Puig que no pasará más allá de Teruel y del río Ulldecona hasta que conquiste Valencia.

El juramento ante la Virgen de El Puig, guía y patrona de toda la conquista valenciana desde su descubrimiento, llenó de valor a los caballeros de Jaume I. por ello, a finales de abril de 1238, el rey decide ir a asediar Valencia. Y, el mismo día de la salida, el monarca junto a la reina, todas las órdenes religiosas, todos los caballeros y soldados, se encomiendan a la virgen de El Puig para que les guíe y proteja en la toma final de la ciudad del Turia, que se materializó con la entrada triunfal el 9 de octubre de 1238.

 


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